martes, septiembre 19, 2006

Ahora sí. El verano se acaba, las mañanas huelen a colegio, a otoño. Uno se da cuenta cuando vuelve de las vacaciones, el último viaje del verano. Entonces, una mañana se levanta y ve que no brilla el sol. Es la misma hora de siempre, pero aún no ha amanecido del todo. Aún el cielo es como una acuarela gris y rosa.
Y otra vez se encuentra ante el precipicio de lo nuevo, aunque nunca será tan nuevo como la primera vez. Pero siempre aparece el hormigueo, ese miedo a lo desconocido. El salto al vacío. Como salir a un escenario para actuar ante un público expectante. Como un funambulista en la cuerda floja, no puede dar un paso en falso. El primer movimiento es fundamental.
Pero el tiempo vuela y Uno se pasa la vida despidiéndose. Despidiéndose de gente a la que, tarde o temprano, volverá a ver. ¿Realmente merece la pena? ¿Cómo renunciar al desconsuelo que producen los «adiós», los «buen viaje», los «escríbeme», los «iré a visitarte» o «volveré pronto»...?Así, Uno termina por no parecerse a sí mismo. Se convierte en una fotografía sepia, un retrato desdibujado. Sólo un recuerdo...

3 comentarios:

muestra gratuita dijo...

Lo de la despedida siempre me ha parecido curioso.

Una de las reminiscencias que nos quedan de rituales primitivos (¿quizás?), como si en un último gesto quisiéramos asegurarnos de condensar, en mayor o menor escala, todo el cariño demostrado durante un determinado periodo de tiempo a la persona de quien nos despedimos.

Damos besos más fuertes, abrazos más apretados, discursos más intensos, incluso palabras más atrevidas. Y al fin y al cabo no deja de ser absurdo: como sellar una carta que no va a ser enviada a ninguna parte, o escribir dos veces una firma, o apuntar un número que se sabe de memoria... qué sé yo.

Soy partidaria de las separaciones sin parafernalia, del adiós y punto, de no prometer nada que pueda luego demostrarse con hechos (el "Querida-Equis" por el "te-escribiré"; el "estoy-llegando-a-tu-portal", por el "ya-nos-veremos").

Y etcétera.

Rocío GM dijo...

Hola! Es verdad que todo lo bueno se acaba... y ¿qué les vamos a hacer? Si es que nunca llueve a gusto de todos...
En mi caso, no huelo a colegio, sino a universidad, que es mejor por una parte y peor por otra... Pero si es verdad, que también se notan de que en colegios e institutos hayan acabado lo bueno...

andrés dijo...

Bueno, es la certeza de querer condensarlo todo en una última imagen. Como una foto sepia.
Lástima que ya sepamos que es mentira por muy bonita que sea. Es todo más bonito que la realidad, por eso nos gustan las fotos.

Desencanto de mierda.:)